Noviembre 2018



14/11/2018

NOTICIA. La canciller alemana Angela Merkel en una intervención el 13/11/2018  ante el pleno de  la Cámara de la UE se mostró partidaria de la creación de un ejército europeo.

Comentario

La utopía de un ejército europeo

Dos días después de la conmemoración del centenario en París del Armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial (11/11/2018), a la que asistieron los principales mandatarios de los países que participaron en la contienda: Alemania, Francia, Reino Unido, Rusia y EEUU, la canciller alemana Angela Merkel, en su alocución ante el pleno de la Cámara de la UE, se sumó a la propuesta del presidente de Francia Emmanuel Macron de construir un ejército de los países de la Unión Europea, si bien, Angela Merkel, matizó que la puesta en marcha de un ejército europeo común sería complementario de la OTAN.
Tanto Angela Merkel como Emmanuel Macron, ante las tendencias centrífugas nacionalistas de los nuevos movimientos políticos, que ya gobiernan en Italia, Gran Bretaña y Polonia y que avanzan electoralmente en Alemania y Francia, aprovecharon la conmemoración en París para elevar su apuesta por una mayor integración europea.
Ambos gobernantes, criticaron los nacionalismos como el principal cáncer que padeció Europa en la primera mitad del siglo XX porque dieron sustento a las dos guerras mundiales, y en una interpretación ahistórica llegaron a la conclusión que las tendencias actuales nacionalistas también podían ser en la actualidad causa de otra guerra en suelo europeo, y para evitarla se debía avanzar en la formación de unas fuerzas armadas europeas. Ante la eurocámara, Merkel abogaría por unas fuerzas armadas comunitarias con las que "demostrar al mundo que entre los países de Europa no puede haber más guerras".
Esta anacrónica similitud entre la Europa de la primera mitad del siglo XX y la actual, solo puede ser fruto de la ignorancia histórica, o de una interpretación interesada para utilizarla como arma política contra los movimientos políticos euro-escépticos, cuestión esta última, más acorde con los intereses de los poderes fácticos de la UE y de los actuales gobiernos francés y alemán, que habrían preparado los actos de celebración del centenario del armisticio, para instrumentalizarlo como foro de escenificación de un discurso paneuropeísta enfrentado a los movimientos euro-escépticos y a las pretensiones estadounidenses de un mayor vasallaje de sus principales socios europeos, que tuvo su concreción en la propuesta de creación de un ejército europeo.
Sin embargo, tal escenificación solo será un brindis al sol con un efecto muy limitado por las falacias sobre las que está construido el discurso de la formación de un ejército europeo.
Desde el punto de vista geopolítico, la Europa de la primera mitad del siglo XX y la presente, no se parecen en nada. En la primera mitad del siglo XX Europa era el Centro geopolítico y económico mundial, en la que tres grandes imperios coloniales, Gran Bretaña, Francia y Alemania se disputaban la hegemonía mundial, cuestión que perdió vigencia tras la victoria soviética y estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, y el final del dominio colonial. En la actualidad, el eje de las disputas geopolíticas ya no están entre las potencias europeas, sino entre las potencias que determinan la marcha de la geopolítica mundial, principalmente EEUU, China y Rusia, las tres naciones con profunda vocación soberanista que salieron victoriosas de la Segunda Guerra Mundial.
Desde el punto de vista de las capacidades de la UE para la formación de un ejército propio, no existen tales. En principio todo ejército se caracteriza en primer lugar por una cadena de mando estructurada y centralizada, y esa cadena de mando actualmente la ocupa la OTAN y dentro de la OTAN, EEUU. Un ejército de la UE con una cadena de mando propia precisaría relegar a la OTAN, la complementariedad que aduce Merkel solamente sería posible si ambas estructuras militares tendrían funciones diferentes, en las que la OTAN seguiría desempeñando el rol de confrontación con Rusia, y el ejército europeo se ocuparía de las cuestiones fronterizas, como el control de las migraciones, pero tal organización lejos de ser un ejército sería una guardia fronteriza cuyas competencias también tendrían que ser negociadas con los países fronterizos de la UE.
Por otra parte, Alemania no tiene capacidad soberanista para tomar la decisión de tener un ejército fuera del control estadounidense. Desde la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón, siguen siendo dos naciones ocupadas por el ejército de EEUU, en las que existen decenas de miles de soldados bajo la bandera de EEUU. Ninguno de los gobiernos de ambas naciones tienen institucionalmente poder para oponerse a la ocupación, y los asuntos militares en última instancia siempre recaen en el mando estadounidense.
Tras la desaparición de la URSS, con la disolución del Pacto de Varsovia  la OTAN dejo de tener su razón de ser defensiva. En la actualidad ninguna nación amenaza a la UE, porque ninguna nación de fuera de la UE tiene interés en cambiar el régimen de valores liberales europeos que tan apasionadamente Merkel dice que hay que defender. Rusia ya no cuestiona tal régimen porque su sistema político constitucional es muy similar al de cualquier nación de la UE.
La pervivencia de la OTAN sigue justificándose sobre un discurso falaz de una supuesta amenaza rusa que no existe, que en realidad encubre su transformación tras la guerra fría de un organización defensiva a una organización destinada a la agresión, como se demostró en su intervención en la antigua ex-Yugoslavia y en Libia, y ahora con la ilegal participación de su fuerza área en Siria.
Para EEUU, la OTAN sigue sirviendo también para perpetuar su ocupación en Europa, de la que tanto se acusó a las fuerzas del Pacto de Varsovia por su presencia en los países del este europeo, sin embargo, aquellas tropas desaparecieron pero las estadounidenses siguen presentes recordando a las potencias europeas que su soberanía es limitada.

Octubre 2018

28/10/2018

NOTICIA. El candidato derechista Jair Bolsonaro gana las elecciones presidenciales de Brasil.

Comentario

Brasil. El retorno a un oscuro pasado

Con el 55% de los votos el candidato de la derecha Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, ganó las elecciones presidenciales en Brasil tras imponerse sobre el candidato de izquierda Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores con el 44%. Bolsonaro obtuvo más de 55 millones de votos y Fernando Haddad 44 millones.
El Partido de los Trabajadores (PT) gobernó Brasil con Lula da Silva y  Dilma Rousseff desde el año 2003 hasta el 2016, en el que Dilma Rousseff fue destituida procesalmente de la presidencia sucediéndole interinamente Michel Temer.
En sus años de gobierno el PT orientó su acción política hacia la distribución de la riqueza entre los clases más desfavorecidas y a resituar a Brasil en el escenario internacional como una potencia emergente pasando a engrosar el Club de los BRICS.
La crisis económica del 2008 acabaría con las perspectivas de crecimiento de Brasil, y el PT entraría en una fase de declive político. El problema estructural de la corrupción política, que llegaría a salpicar a miembros del PT, posibilitaría que los sectores derechistas enquistados en la judicatura diesen un golpe de Estado blando, con la destitución de Dilma Rousseff y el encarcelamiento del carismático Lula da Silva. Tras esta operación política de los poderes fácticos seculares de Brasil, el crédito del PT quedaría gravemente resentido.
La mayoría de la población de Brasil sigue anhelando un cambio que sitúe a Brasil en el camino de la prosperidad y la justicia social, y lo ha hecho subjetivamente en un giro político derechista, pero que objetivamente encaminará a Brasil a un mayor atraso y relegación internacional como nación soberana.
Los sectores derechistas en América Latina tienen ya una larga historia de cuales son sus prioridades, y centenariamente han sido perpetuar el poder de oligarquías que anteponen sus particulares intereses a los de la nación, subordinándose a la política neocolonial de  EEUU.
Tras la victoria de Bolsonaro, Brasil, una nación que por su potencial en recursos y por sus dimensiones territoriales y demográficas debiera aspirar a ser una potencia económica y tener un papel destacado en la esfera internacional, está abocada, al igual que Colombia y Argentina con gobiernos también derechistas, a ser un país títere de EEUU.

Brasil se adentra ahora por unos años en una etapa oscura, pero la misma será transitoria. Brasil es un país en desarrollo y la tendencia histórica viene marcada por las aspiraciones de la población de salir de la pobreza y el atraso, y por recuperar la dignidad como nación en el ámbito internacional, unos objetivos que la derecha latinoamericana ya ha demostrado históricamente su incapacidad para lograrlos. 
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NOTICIA. La segunda ronda del Diálogo Diplomático y de Seguridad entre EEUU y China previsto para mediados de Octubre ha quedado aplazada sin fecha fija.


Comentario

La crisis del pensamiento neocolonial

Tras las recientes declaraciones de un funcionario de EEUU de que a iniciativa de China quedó pospuesto el Diálogo Diplomático y de Seguridad entre EEUU y China, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying, declaró que el 02/10/2018, China y EEUU acordaron en principio celebrar el diálogo a mediados de octubre, pero EEUU fue quien propuso posponerlo, y  exigió a EEUU "dejar de inventar y propagar rumores".
Con posterioridad, el Ministerio de Exteriores de China rechazó también las acusaciones del vicepresidente de EEUU, Mike Pence, quien sin ofrecer prueba alguna, el 04/10/2018, acusó a Pekín de tratar de inmiscuirse en las elecciones legislativas estadounidenses de medio término del próximo mes de noviembre, recordando que es EEUU quien se está empeñando en deteriorar las relaciones con China, y que el compromiso de China es fomentar unas relaciones de beneficio mutuo basadas en el respeto entre Estados.
En declaraciones anteriores del presidente Donald Trump, la supuesta injerencia de China en las elecciones de EEUU era producida por el incremento de aranceles a productos agrarios estadounidenses, impuestos por China en respuesta a las medidas también arancelarias de EEUU contra productos de China, lo cual iba afectar negativamente al apoyo electoral a los candidatos republicanos, en Estados de la América profunda de producción agraria como Iowa, tradicionalmente de voto republicano.
EEUU, el campeón mundial de la injerencia en todos los Estados del Planeta, con un presupuesto destinado a los efectos a sus servicios de Inteligencia de unos 70.000 millones de dólares, mayor que todo el presupuesto militar de Rusia, se rasga las vestiduras porque China impone aranceles a su productos agrarios, y en una siniestra interpretación, considera injerencia el efecto colateral de la desafección de una parte de su electorado, motivada por la guerra comercial iniciada por la propia administración estadounidense.
Esta ofensiva de EEUU basada en infundios, que la ha venido aplicando principalmente sobre Rusia para desacreditarla ante la ciudadanía occidental, ahora la ha hecho extensible a China. La cuestión resulta relevante, porque supone un salto cualitativo en la dialéctica de la confrontación.
El enorme aparato de propaganda política estadounidense y de los países de la OTAN compuesto por un entramado de rumores y noticias falsas que toman cuerpo en declaraciones de políticos y organizaciones no gubernamentales dirigidas por los servicios de inteligencia principalmente estadounidenses, son amplificadas por los oligopolios mediáticos occidentales poco preocupados por conocer la verdad, y en quienes en última instancia descansa la formación del pensamiento neocolonial occidental, por el que los países desarrollados tienen legitimidad para injerir en los asuntos de todas las naciones en nombre de una auto-arrogada supremacía moral que les otorga la patente de la democracia, los derechos humanos y la justicia universal, cuestiones que en una vil interpretación son utilizadas contra los dirigentes de las naciones que no aceptan la tutela neocolonial de Occidente, e ignorando a su vez la responsabilidad en las guerras que patrocina.
El pensamiento neocolonial se justifica ante la ciudadanía en la consideración que la tutela occidental de los países en desarrollo es mejor  que dejarlos en manos de "siniestros dictadores", creados artificialmente por el oligopolio mediático. El discurso no difiere mucho del ejercido en el periodo colonial, en el que la negativa a la descolonización se justificaba en que no se podía tolerar que "dirigentes bárbaros" accediesen a la independencia.
La pérdida de las colonias en el siglo XX se sufrió en la sociedad occidental como un drama político que ha pervivido en el tiempo. Una herencia que  permite justificar ante la ciudadanía occidental que los países de la OTAN puedan crear una coalición internacional para intervenir en Siria, sin el respaldo del CSNU, ni por supuesto del gobierno sirio que se pretende derrocar, y que el presidente de Francia Emmanuel Macron, en reiteradas ocasiones se haya posicionado con pasmosa naturalidad sobre cual debería ser el futuro de su antigua colonia. En occidente el pensamiento del "derecho a la injerencia en otras naciones" es más fuerte que el pensamiento basado en los cinco principios de la coexistencia pacífica que se sustentan en el respeto mutuo entre naciones, y que motivaba a los movimientos políticos descolonizadores para poner fin al oprobio de la colonización.
Todo discurso imperial se construye sobre la base de la excepcionalidad a injerir en otras países, pues es el que abre las puertas para subordinar a otras naciones, sin ese discurso ningún imperio existiría. Las intervenciones contra otros países o dirigentes de otros países, son toleradas por la ciudadanía occidental en la convicción que la intervención no conllevará una guerra extensible a su propio territorio; aunque otras secuelas como ha sido la afluencia masiva de refugiados a la UE como efecto colateral de la desestabilización llevada a cabo en el Oriente Medio y el Norte de África, patrocinada por los países de la OTAN, las monarquías del golfo pérsico e Israel, han sido por políticos y medios de información occidentales hábilmente camufladas para que la crisis de los refugiados no aparezca como el efecto colateral de la propia desestabilización de Siria y Libia inducida de manera significativa por los políticos de la UE, sino como una calamidad natural fruto del destino.
Bajo la actual administración republicana, EEUU no parece estar muy interesado en pretender injerir en otras naciones sobre la hipocresía del discurso de la exportación de la democracia, que caracterizó significativamente a la anterior administración demócrata de la época Obama, y que acabó en Ucrania en una guerra civil territorial que perdura, y la intervención armada de la OTAN en Libia, sino que, sin abandonar este último recurso, se inclina más por pretender vencer a sus rivales mediante las sanciones económicas que puede aplicarlas por su estatus dominante en el sistema financiero mundial basado en el dólar. Sin embargo, el éxito de la estrategia de rendir al adversario por presión que perseguirían las sanciones económicas en el caso de Rusia y de la guerra comercial en el de China, resulta del todo improbable.
EEUU, tampoco está en condiciones de escalar la presión hasta el límite de una guerra contra ambas potencias, porque no tiene garantizado el triunfo en la misma. EEUU, puede que siga recurriendo a la guerra o la amenaza de la misma en el caso de enemigos menores, pero son tantos los frentes que tiene abiertos: Siria, Irán, Venezuela, que por el momento solo le queda el recurso de las presiones económicas con el apoyo político de su peones neocoloniales, como la OEA y los gobernantes derechistas en América Latina, y el de las monarquías absolutistas e Israel en el golfo pérsico.
La pretensión estadounidense de que las naciones del mundo por temor a su poderío le acepten como el rector imperial global, es cuando menos jactancioso e iluso. La piedra que levanta EEUU contra sus adversarios los une más. En contraposición, el otro mundo el del desarrollo, donde vive el 80% de la humanidad, irá abrazando con más vigor el discurso anticolonial basado en el respeto y beneficio mutuo entre las naciones. En la medida que eso suceda, el discurso neocolonial se irá constriñendo al reducto de las sociedades occidentales, pero ya sin opciones materiales para dictar por la fuerza políticas a otras naciones. Ese momento histórico en el que el discurso neocolonial quede nulo de facto, es el que anunciará el inicio de una etapa de la humanidad libre de imperios.

Septiembre 2018


04/09/2018

NOTICIA. El 3 y 4 de septiembre del 2018 se ha celebrado en Beijing la sexta cumbre del Foro de Cooperación China-África (FOCAC).

Comentario

La etapa de la cooperación Sur-Sur

La cumbre del Foro de Cooperación China-África (FOCAC), que se ha celebrado en Beijing los días 3 y 4 de septiembre, ha sido el sexto encuentro de este foro que se constituyó en el año 2003. La cumbre ha contado con la presencia de los 53 países africanos que han establecido relaciones diplomáticas con China, con 1.069 representante de más de 600 empresas, grupos de negocios e instituciones de investigación y colaboración de empresarios chinos y africanos. También han estado presentes 67 compañías de Fortune 500, así como pequeñas y medianas empresas, con la finalidad de establecer acuerdos entre China y África principalmente en industrialización, comercio, infraestructuras, energía y comercio electrónico. La conferencia se ha centrado en las medidas para facilitar las exportaciones entre África y China quien viene siendo el mayor socio comercial de África durante nueve años consecutivos.
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ETAPAS EN LA CONFIGURACIÓN DEL ESPACIO ECONÓMICO MUNDIAL
Los cambios acontecidos en la configuración del espacio económico mundial (Economía Mundo), desde sus inicios en el siglo XVI con el ascenso de la cultura protestante en el centro y norte de Europa que daría lugar a las primeras formas precapitalistas de producción y la expansión del comercio de ultramar por las potencias europeas, ha transcurrido por cinco etapas o estadios.
Primera Etapa (Siglo XVI-1815). La acumulación originaria de capital
La Primera Etapa, del siglo XVI a principios del siglo XIX, que daría lugar a la acumulación capitalista originaria y estaría caracterizada por: el sometimiento de amplias regiones del mundo a las Monarquías absolutistas europeas; la formación del comercio de larga distancia y el comercio de base nacional (Mercantilismo); la guerra permanente entre las potencias europeas por el control de los espacios de ultramar; la formación de una incipiente clase burguesa que concentraría los beneficios de la cumulación originaria capitalista que promovería cambios institucionales en Inglaterra y Francia contrarios al absolutismo de las monarquías de Antiguo Régimen.
Segunda Etapa (1830-1914). El ascenso del capitalismo al poder político
La Segunda Etapa, se desarrollaría durante el siglo XIX y daría lugar con las revoluciones liberales en Europa al ascenso del capitalismo al poder político y la formación de la nación moderna. Durante la misma, las revoluciones liberales pondrían fin al Antiguo Régimen; se formarían los Estados nacionales de base constitucional; se generalizaría la economía de mercado haciéndola extensible al mercado mundial basada en el patrón monetario Oro; tras la derrota de Napoleón, durante el periodo de 1815 a 1914 se establecería un periodo de Paz de cien años entre las potencias europeas que permitiría el reparto colonial de África y Asia principalmente entre Gran Bretaña y Francia y, en el continente americano, tras su emancipación de España e Inglaterra, EEUU se constituiría en la nación dominante.
Tercera Etapa. (1914-1945) El enfrentamiento de las potencias mundiales en el Centro del sistema económico global y la desconexión de la URSS
La Tercera Etapa, estaría determinada por la confrontación de las Potencias Europeas, y por la primera desconexión del sistema económico mundial protagonizado por la Revolución Rusa. El periodo de esta etapa tendría su origen en la crisis económica iniciada en 1870, que produciría la deriva de las potencias europeas hacia el proteccionismo económico y a sustentar su desarrollo económico en un modelo imperialista basado en áreas geoeconómicas de influencia exclusivas en régimen colonial, que culminaría en 1914 en la Primera Guerra Mundial por el dominio de Europa, constituida tras el reparto colonial principalmente entre Francia y Gran Bretaña, en el Centro económico mundial, siendo Alemania, relegada en el reparto colonial, la desencadenante de la misma en su aspiración de dominar el Centro económico y por ende la economía global. Tras la derrota de Alemania en 1918 por Francia y Gran Bretaña se abriría un periodo de paz en el que se volvería restablecer el patrón oro y se iniciaría un periodo de globalización económica que se quebraría en 1929 con el inicio de una profunda crisis económica que propiciaría un retorno al proteccionismo y el abandono del patrón oro. Alemania, de nuevo, relegada como potencia en el tratado de Versalles que había sellado la condiciones de su derrota en el Primera Guerra Mundial, volvería a retomar sus aspiraciones de dominar Europa, y con ello establecer el dominio global, esta vez en alianza con Japón que pretendía someter en régimen colonial a China.
Cuarta Etapa. (1945-1989) El final del enfrentamiento en Centro del sistema económico global y la descolonización
La Cuarta Etapa, abarcaría el periodo 1945-1989, y daría lugar: al final del enfrentamiento entre potencias liberales en el Centro del sistema económico global; la descolonización, y el establecimiento de un nuevo sistema de áreas de influencia lideradas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la URSS.
En esta etapa, al igual que le sucediera al imperio español a principios del siglo XIX, la crisis en las metrópolis centrales crearía un vacío de poder en las colonias que permitiría a las fuerzas de emancipación colonial su independencia y la fundación de la mayoría de las naciones actuales de Asia y África. La descolonización y la presencia de la URSS como competidor global en el establecimiento de áreas geopolíticas de influencia poscoloniales, llevaría a las potencias liberales industriales al entendimiento político y a unirse en una misma organización militar, la OTAN, poniendo así fin a cuatrocientos años de enfrentamiento militar entre las diferentes potencias Occidentales. Se volvería al  patrón oro, y se establecería el Modelo de capitalismo monopolista de Estado, en el que el Estado controlaba los sectores estratégicos de la economía nacional. El espacio soviético, regido desde Moscú se desarrollaría desconexionado de la economía global y en una Guerra Fría permanente con los países de la OTAN. El atraso de las naciones surgidas de la descolonización, y la desconexión del sistema económico global de la URSS, dejaría en manos de la potencias occidentales la organización de la economía global  basada en una nueva relación neocolonial con las antiguas colonias en la que los procesos de producción  y el comercio de estos nuevos países seguirían subordinados a las antiguas metrópolis. En este contexto, las potencias industriales occidentales emergerían del periodo de posguerra con inusitado vigor inaugurando un nuevo ciclo económico alcista que duraría hasta la crisis económica de 1973, motivada por el abandono de EEUU del anclaje del dólar al patrón oro (1971), que debido a la financiación de la creciente deuda estadounidense en gastos militares por emisión de dólares sin estar sujetos al patrón oro, produciría un incremento de los precios del petroleo y una acentuada Estanflación (estancamiento con inflación), que llevaría a una subida dramática de los tipos de interés en las deudas de los países en desarrollo donde la mayoría de sus recursos tuvieron que ser destinados al servicio de la deuda, siendo el principal beneficiario de la misma como prestamista más importante, EEUU, obteniendo recursos adicionales que le permitiría afrontar los gastos de la guerra de Vietnam (1964-1975). La crisis económica de 1973 daría paso a un nuevo modelo de gestión capitalista global, las potencias liberales occidentales iniciarían un proceso de desmantelamiento de los monopolios del Estado a través de su privatización, los bancos centrales se independenciarían del Estado pasando el sector financiero privado a convertirse en el rector de la economía global; a la vez, se iniciaría una progresiva apertura en la formación de un mercado mundial basado en el dólar como moneda de pago para las transacciones comerciales. Esta nueva formulación del capitalismo daría paso a una fase económica liberal, o neoliberalismo. Las dos potencias desconexionadas de la economía global, la URSS y China, entrarían en crisis. En 1979 China iniciaría un proceso de reforma y apertura que le ha llevado a convertirse en líder manufacturero mundial, mientras que la URSS sucumbiría a la perpetuación de su aislamiento. Las grupos económicos privados formados en la sombra bajo la URSS, se constituirían en grupos oligárquicos que propiciarían su desmantelamiento con el objetivo de lograr la inserción de sus capitales en la economía global.
Quinta Etapa. (1989-2008) El neoliberalismo económico y la formación del espacio económico global
La Quinta Etapa, comenzará en 1989 tras la desaparición de los espacios socioeconómicos desconexionados de la economía global. En esta etapa, el sistema económico mundial ha dejado de configurarse en base a áreas de influencia geoeconómicas exclusivas cerradas al comercio entre las mismas, iniciándose una progresiva apertura hacia la globalización del mercado mundial, que, con la incorporación a la OCM de China (2001) y Rusia (2012), experimentará un avance ya sin retorno. La economía mundial se conforma en un único espacio en el que la ideología revolucionaria de la desconexión promovida durante la Guerra Fría pierde vigencia y, una vez culminada la descolonización, la guerra mundial como recurso para la expansión de áreas de influencia exclusivas pierde también su  principal razón de ser. Las rivalidades entre potencias se trasladan principalmente al terreno económico. La guerra es contemplada por las potencias dominantes de la OTAN como recurso de agresión contra los países en desarrollo que pretenden alejarse de su tutela económica. La economía global se sustentará en una relación neocolonial entre el Centro occidental industrializado bajo el liderazgo de EEUU, y los países en vías de desarrollo sumidos en profundos desequilibrios socioeconómicos internos, que en el nuevo espacio global, inducirán al incremento de la migración a los países desarrollados. Con el final de los espacios económicos desconexionados, el modelo neoliberal iniciado en la década de los ochenta se extenderá al conjunto de la economía mundo. El crecimiento económico mundial, se realizará con el estímulo del consumismo del 15% de la población mundial de las sociedades desarrolladas, en una relación neocolonial, que mantendrá en el atraso a la mayoría de la humanidad que vive en los países en desarrollo. Este modelo de crecimiento económico se agotaría en la crisis financiera del 2008. La concentración del crecimiento en un número limitado de consumidores desembocaría en su apalancamiento financiero que arrastraría a la banca a una crisis global sin precedentes, que la remontará por medio de planes de rescate públicos y la concentración del sector en torno a las entidades más solventes. La crisis del 2008 cambiaría también la relación entre los países desarrollados y en desarrollo. El G7 que hasta entonces había sido el único referente en la determinación de la marcha de la economía global, cedería su protagonismo al G20, a su vez, las principales economías del espacio euroasiático Rusia, India y China, conjuntamente con la más dinámica del continente Africano, Sudáfrica, y de Sudamérica, Brasil, formarían el grupo BRICS, impulsando su coordinación y estableciendo un banco común para el desarrollo. En este progresivo cambio en la formación de la economía mundo, la nación que adquirirá un mayor protagonismo será China. Desde la década de 1980, el desarrollo económico de China se había fundamentado principalmente en la exportación de productos manufacturados sobre la base de la demanda efectiva de las potencias desarrolladas, quienes habían optado por externalizar en gran medida la fabricación de sus productos manufacturados a China con mano de obra más barata, reservándose para sí, la creación tecnológica de los productos. La globalización permitió crear una dualidad en la redistribución del trabajo, mientras que las potencias desarrolladas se especializaban en mano de obra cualificada, China se convirtió en la fábrica del mundo de mano de obra  directa poco cualificada destinada a la fabricación de los productos. La crisis financiera del 2008, debilito de manera significativa la demanda efectiva de los países desarrollados y China vio caer su producción sensiblemente. En los años posteriores a la crisis del 2008 China sorteo la misma a través de fuertes medidas de estímulo a su economía, financiadas gracias a su enorme volumen de reservas de divisas, fruto del ahorro de casi tres décadas con crecimiento económico por encima del 10% anual de su PIB. Las medidas de estímulo, estaban destinadas a sortear coyunturalmente los efectos de la recesión del mercado global en tanto los países desarrollados se recuperaban de nuevo a los estándares de la demanda efectiva anteriores a la crisis. Sin embargo, la prolongación de la crisis, situaría a China en la coyuntura de iniciar un cambio estructural del modelo económico de las tres décadas anteriores dependiente tecnológicamente de los países desarrollados. En el año 2012, el PCCh celebraría su VXIII congreso en el que se definiría el nuevo modelo de desarrollo en el que se adentra China. Uno de los desafíos a los que se enfrentaba la economía de China era la considerada por sus dirigentes como la trampa de los ingresos medios, que se produce cuando un país en desarrollo incrementa moderadamente sus salarios perdiendo competitividad los artículos producidos, e induce a los inversores a trasladar sus capitales a naciones con salarios más bajos. Esta trampa en la que se estancan los países en desarrollo, es consecuencia de la dependencia de sus economías de los mercados de consumo de los países desarrollados, y la dependencia tecnológica de sus productos. La manera de superar esa trampa es con la mejora de la productividad de los procesos de producción, de tal manera que la reducción de costes permite el aumento de los salarios sin que ello afecte a la competitividad del precio final de los productos. Sin embargo, los avances en la productividad no pueden realizarse sin una sólida preparación y competencia en ciencia y tecnología, lo cual implica una reestructuración integral por el lado de la oferta, que necesariamente supone: 1. la implementación de un sistema educativo competente en innovación tecnológica; 2. La mejora continua de los procesos de producción, y 3. el diseño y propuesta de nuevos productos competitivos en el mercado global. Desde el año 2012, China avanza por esta senda en el objetivo de pasar del modelo productivo de los últimos 30 años basado en la fabricación de productos con tecnología de otros países, al hecho en china con tecnología propia. En esta transición China ya ha dado pasos importantes: el sector terciario se ha convertido en el más importante de su actividad económica; conjuntamente con EEUU China lidera mundialmente el número de registros de nuevas patentes, y el consumo interno se ha convertido en el pilar más importante de su PIB.
Inicios de una Sexta Etapa. (2008-siglo XXI). El final del ciclo neoliberal y el inicio de la cooperación económica Sur - Sur
La crisis del 2008, aunque sus efectos todavía no son notoriamente percibidos, ha marcado un antes y un después, y a abierto una nueva etapa en la Formación de la Economía Mundo. El ciclo neoliberal iniciado tras la crisis de 1973 ha llegado a su agotamiento. El crecimiento económico del PIB mundial que en esa fase ha descansado sobre las potencias desarrolladas del G7 se ha visto eclipsado en los años posteriores a la crisis del 2008 por el crecimiento de los dos países en desarrollo más importantes India y China. En el año 2017 el conjunto de la economía mundial creció 2.785.300 millones de dólares, siendo la aportación del G7 al crecimiento del PIB mundial del 26,5%, mientras que la aportación realizada por China con 811.920 millones de dólares representó el 29,2% del total del crecimiento del PIB mundial. El crecimiento del PIB es el fundamento principal de la economía competencial, sin el cual su funcionamiento se colapsa. La economía competencial estimula la mejora continua de la productividad, pues permite a quien la obtiene ofrecer productos o servicios a un menor coste, lo que obliga a la competencia a mejorar también su productividad o en caso de no poder hacerlo a disminuir los salarios para garantizar la competitividad de sus productos, y a la inversa, quien obtiene la ventaja competitiva puede mejorar el poder adquisitivo de los productores a la vez que mantiene su competencia en el mercado. China se sitúa en productividad técnica en cuanto a la fuerza laboral necesaria para producir un millón de PIB, detrás de los países desarrollados, sin embargo, la velocidad con la que avanza en la mejora de su productividad es muy superior a la de los países desarrollados.

Evolución de la productividad de la fuerza laboral ente el año 2007 y el 2017
Fuente: CIA
Tal y como se ve en la tabla de datos, la productividad de las tres economías más importantes de los países desarrollados, EEUU, Japón y Alemania, es notoriamente superior respecto de la India y China, mientras que Rusia ocupa una posición intermedia, sin embargo, la evolución de la última década (2007-2017) muestra como en las economías desarrolladas, debido al alto grado de productividad alcanzado, las mejoras en la reducción de empleados necesarios para producir un millón de PIB son muy pequeñas. EEUU redujo en ese periodo la fuerza laboral necesaria para producir un millón de PIB de 11 a 8 empleados, Japón de 15 a 13 y Alemania se mantuvo igual, mientras que China y la india debido a una posición de notable atraso en el año 2007, la han reducido notoriamente, pasando en el caso de China de 236 empleados a 68, India de 433 a 214, mientras que Rusia lo ha hecho de 57 a 52. La singularidad del mayor incremento de la productividad en China y la India respecto a las potencias desarrolladas es que a pesar de continuar en el año 2017 con una ratio de empleados por millón de PIB muy por encima de éstas, la importante reducción del número de empleados necesarios para obtener un millón de PIB, ha permitido que los salarios de la fuerza laboral de los 236 empleados en China en el año 2007 se hayan concentrado en 68 empleados en el año 2017, y el de los 433 de la India en el 2007 en 214 en el 2017, a la vez que se mantiene constante la competitividad del año 2007. Sin embargo, esta mejora en la productividad que les permite aumentar el poder adquisitivo de su fuerza laboral y competir aventajadamente, no permite superar por si misma la trampa de los ingresos medios al establecerse la competencia en los procesos de producción de mano de obra poca cualificada, susceptibles de ser fácilmente deslocalizados. La condición indispensable para superar la trampa de los ingresos medios y pasar el umbral de país en desarrollo es avanzar en la capacitación científica y tecnológica de la sociedad para liderar las innovaciones en los productos demandados por el mercado y en la mejora técnica de los procesos de producción. Este es el objetivo cualitativo de China y hacia el que transita en los últimos años con notable éxito, al liderar las innovaciones en el mercado global a un menor coste en diferentes sectores económicos, destacando en: el sector de las comunicaciones terrestres en materia de ferrocarriles de alta velocidad y levitación magnética; el de las energías renovables, solar y eólica; el de la informática tanto en la alta computación como en el sector minorista de ordenadores y telefonía móvil, etc. La posición que está alcanzando China en la economía global va a ir produciendo transformaciones importantes e irreversibles en la economía mundial. Al impulso tecnológico de China hay que sumar su capacidad para hacer efectiva la cooperación Sur-Sur. Desde que se iniciara en los años cincuenta del siglo XX la doctrina de la colaboración Sur-Sur de los países en desarrollo, debido a su atraso tecnológico no ha contado con los recursos para superar la economía de la dependencia en la que los procesos de extracción de materias primas y producción manufacturera han estado subordinados a la demanda efectiva de los países desarrollados. Sin embargo, este modelo a partir de la crisis del 2008 ha entrado en declive debido dos factores coincidentes, por una parte, el agotamiento del modelo neoliberal de concentración del crecimiento del PIB mundial en las potencias desarrolladas y, por otra parte, debido al veloz desarrollo tecnológico de China que esta posibilitando que la colaboración Sur-Sur puede materializarse en proyectos económicos que permiten el desarrollo efectivo de los países del Sur, en los que, a diferencia del modelo neocolonial, los conocimientos tecnológicos son compartidos y los beneficios revierten principalmente en los países en desarrollo donde se realiza la inversión. El desarrollo avanza superando cuellos de botella, que lo ahogan como la falta de infraestructuras. En el modelo neocolonial, las infraestructuras solamente se desarrollan en función de los intereses del centro económico desarrollado, como es la extracción de materias primas, mientras en un modelo de desarrollo compartido la implementación de infraestructuras viales, ferroviarias, marítimas, económicas y de servicios en sanidad y educación, se orientan al desarrollo integral de la nación. En algunos países de África este cuello de botella se está superando. Los viejos ferrocarriles heredados de la época de la explotación colonial europea, están siendo sustituidos por modernas vías ferroviarias debido a la colaboración de China, como ha sido la construcción del Ferrocarril Mombasa-Nairobi en Kenia, que ha creado 46.000 empleos y contribuido con el 1,5% al crecimiento de su PIB, o la construcción de las principal red ferroviaria durante décadas en Tanzania. La superación de un cuello de botella de estas características permite situar el crecimiento económico en un nuevo nivel de desarrollo, del que escalar al siguiente. Sin embargo, este modelo rompe la ecuación de desarrollo-subdesarrollo, en la que se sustenta el modelo neocolonial, lo que está llevando a EEUU, principal potencia económica a la contención de las potencias emergentes BRICS, y la desestabilización política de los países en desarrollo que no aceptan su tutela apoyándose para ello en oligarquías apátridas que anteponen sus particulares intereses a los de la nación. En el último año China ha pasado a ser el principal blanco de la política de contención a su desarrollo por parte de EEUU con la imposición de aranceles millonarios a productos importados desde China. Esta guerra económica impuesta a China le obliga a esta nación a responder simétricamente a EEUU, imponiendo aranceles en la misma proporción, que en la actualidad alcanzan un valor recíproco de 50.000 millones de dólares. EEUU también ha recurrido a la imposición arancelaria a productos de otros países, pero que en su conjunto no alcanzan los 5.000 millones de dólares, lo que indica la prioridad dada a China por parte de EEUU en su guerra comercial. Si tras la crisis financiera del 2008, China se situó en la coyuntura de dar un gran salto adelante para proyectarse como una potencia tecnológica con el fin de superar la trampa de los ingresos medios y el modelo de producción manufacturera dependiente tecnológicamente de las potencias desarrolladas. China, ante el acoso estadounidense, deberá acelerar la colaboración Sur-Sur con proyectos económicos que contribuyan al desarrollo recíproco. En la actual coyuntura que se le abre a la economía mundial quien marcará la dirección de la misma serán las economías que más aporten al crecimiento mundial. El crecimiento del PIB es el pilar fundamental sobre el que se renueva el valor económico global, y a la postre, quien lidere el crecimiento global se convertirá en el centro de las inversiones para obtener ganancias. La progresión de los países del Sur en el peso de la economía mundial, necesariamente deberá inducir a las potencias desarrolladas a intentar beneficiarse de los nuevos mercados, ante el agotamiento de los propios, tal y como esta sucediendo con la implementación, a iniciativa de China, del proyecto de la nueva Ruta y Franja de la Seda que ha llevado a las potencias económicas de la UE a colaborar con dicha iniciativa, mientras que EEUU en la estrategia por impedir que florezca un nuevo tipo de economía fruto de la colaboración Sur-Sur se ha negado a participar. Es muy probable que en los próximos años, las dos tendencias que marcan la coyuntura actual de la economía mundo se distancien más una de otra, por una parte, EEUU liderando una política económica destructiva basada en el proteccionismo y las sanciones financieras orientada a la contención de las potencias emergentes, y por otra parte, una creciente colaboración Sur-Sur, liderada principalmente por China. La sexta cumbre del Foro de Cooperación China-África (FOCAC), forma parte de ese camino.


Julio 2018


26/07/2018

NOTICIA. El 26/07/2018 se celebró, en el marco de la 10ª Cumbre de los BRICS  en Johannesburgo, el  Foro Empresarial de los BRICS.

Comentario

Los proyectos globales sobre el porvenir de la economía mundo

En la 10ª Cumbre de los BRICS realizada del 25 al 27 de julio en el Centro de Convenciones de Sandton, en Johannesburgo (Sudáfrica) bajo el lema "Colaboración para el Crecimiento Inclusivo y la Prosperidad Compartida en la Cuarta Revolución Industrial", mil delegados de Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica constituyeron el Foro Empresarial de los BRICS. Los participantes deliberaron sobre las políticas comerciales y las implicaciones para los países miembros del BRICS del impacto de la IV Revolución Industrial en el crecimiento y en la políticas económicas a seguir.
Durante el foro, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa manifestó que tras una década desde la fundación de la asociación BRICS, la cooperación dentro del BRICS ha ganado impulso en ámbitos como finanzas, agricultura, comercio, combate a los delitos transnacionales, ciencia, tecnología, salud, educación, seguridad y diálogo académico, lo cual permite diseñar una agenda ambiciosa para hacer uso de los beneficios de la globalización y confrontar los desafíos que presenta.
El presidente de China, Xi Jinping, en un discurso bajo el enunciado "Adaptarse a la corriente de los tiempos para lograr el desarrollo común" expresó la visión que la dirigencia de China tiene sobre los cambios futuros que esperan a la economía mundial en la próxima década, en la cual, los nuevos motores del crecimiento global sustentados en la nueva revolución industrial científico - tecnológica, caracterizadas por la inteligencia artificial, los macrodatos, la información cuántica y la biotecnología, remplazaran progresivamente el lugar de los viejos, lo que producirá importantes cambios en el modelo productivo y financiero global, y en el trabajo y la vida de las personas.
Destacaría que los mercados emergentes y los países en desarrollo ya contribuyen con el 80% al crecimiento económico mundial y representan en PIB-PPA el 40% de la producción económica global. "Si crecen a las tasas actuales, estos países verán que su producción económica se acercará a la mitad del total mundial en una década". "El despegue colectivo de los mercados emergentes y de los países en desarrollo es imparable y hará que el desarrollo global sea más equilibrado, que la paz global como requisito imprescindible para el desarrollo tenga una base más firme y la multipolaridad avance como eje de las relaciones internacionales".
En contraposición, destacaría que esta nueva tendencia histórica está creando fuerzas de resistencia a los cambios, que provocan que el avance hacia la multipolaridad y hacia una mayor globalización e integración económica se produzca en medio de reveses.
"La comunidad internacional ha llegado a una nueva encrucijada y nos encontramos ante la decisión de elegir entre la cooperación y la confrontación, entre la apertura y una política de puerta cerrada y entre el beneficio mutuo y un enfoque de echar los males sobre otros".
"Nosotros, los países del BRICS, debemos mantenernos al tanto de la tendencia histórica, aprovechar las oportunidades de desarrollo, enfrentar conjuntamente los desafíos y desempeñar un papel constructivo en la construcción de un nuevo tipo de relaciones internacionales y de una comunidad de destino de la humanidad".
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La importancia del discurso de Xi Jinping radica en que ha sido preciso en el diagnostico de la coyuntura en la que se encuentra la economía global y en la definición del camino que los países emergentes y en desarrollo deben seguir para lograr su prosperidad. En la actualidad, EEUU y China son quienes tienen una concepción global más clara sobre cual debe ser el porvenir de la economía mundo.
-EEUU apostando por preservar su hegemonía económica y financiera mundial basada en la perpetuación del modelo neocolonial por el que los beneficios económicos revierten principalmente en el centro desarrollado y los países en desarrollo deben perpetuarse en el atraso, para no eclipsar económicamente al centro desarrollado, tal y como lo definió acertadamente en 1991 el  economista y sociólogo alemán Andre  Gunder Frank en su obra: El subdesarrollo del desarrollo.
-China impulsando un  crecimiento económico compartido con los países emergentes y en desarrollo a través de acuerdos para la creación de infraestructuras y la promoción del conocimiento en ciencia y tecnología, en el que los beneficios revierten principalmente en los países en desarrollo donde se realiza la inversión.
El desarrollo avanza superando cuellos de botella, que lo ahogan en los respectivos países en desarrollo, uno de ellos, quizás el principal, es la falta de infraestructuras. En el modelo neocolonial, las infraestructuras solamente se desarrollan en función de los intereses del centro económico desarrollado, como es la extracción de materias primas. La superación de este modelo, pasa por la implementación de infraestructuras viales, ferroviarias, marítimas, económicas y de servicios en sanidad y educación, que permitan el desarrollo integral de la nación. En algunos países de África este cuello de botella se está superando. Los viejos ferrocarriles heredados de la época de la explotación colonial europea, están siendo sustituidos por modernas vías ferroviarias debido a la colaboración de China. La superación de un cuello de botella de estas características permite situar el crecimiento económico en un nuevo nivel de desarrollo, del que escalar al siguiente. En la actual visita de Xi Jinping a Johannesburgo, el gobierno chino y Sudafricano suscribieron compromisos de inversiones en Sudáfrica por valor de 14.000 millones de dólares, orientadas a infraestructuras, economía oceánica, economía verde, ciencia y tecnología, agricultura, medio ambiente y finanzas.
El empuje de China se produce no solamente porque con la promoción del mundo en desarrollo está asegurándose mercados futuros que pueden complementar o llegar a reemplazar a los vigentes de lo países desarrollados, sino por sus crecientes avances en ciencia y tecnología, que le está permitiendo avanzar notablemente en la productividad de sus procesos de producción, y aunque la misma es todavía inferior a la de los países más industrializados, al partir de unos salarios más bajos, cada mejora en la productividad le permite incrementar el poder adquisitivo de las clases trabajadoras lo cual estimula el consumo interno, a la vez que mantiene un nivel más competitivo en la relación calidad precio de su productos manufacturados que el de sus competidores de los países desarrollados.
Esta mejora diferencial en la productividad respecto de los países desarrollados es la que está invirtiendo la ventaja en el intercambio comercial que había sido patrimonio de las potencias industriales, y los sectores industriales estadounidenses están viendo peligrar su futuro industrial, lo que ha derivado en el recurso al proteccionismo como modo de preservar los sectores claves de su industria.
Sin embargo, el proteccionismo solamente podría asegurar el liderazgo económico mundial de EEUU en las próximas décadas si el resto de naciones no prosperasen económicamente, o lo hiciesen muy por debajo de EEUU, y eso en el actual estadio de la economía mundial resulta altamente improbable, aunque EEUU proseguirá con su guerra económica destructiva, para impedir la prosperidad de los países en desarrollo que no se someten a su tutela. Para ello, el principal soporte y aliado que tiene EEUU en los países en desarrollo son las oligarquías apátridas que anteponen sus seculares privilegios a las necesidades de la población, tal y como sucede en América Latina, promoviendo y apoyando la inestabilidad cuando estas oligarquías son desplazadas del poder político. En el continente africano apoyando las tendencias tribales como forma de impedir que se constituyan Estados Nación o de erosionar los mismos, como sucedió en Libia, lo cual también es extensible a otras partes del mundo como el Medio Oriente.
En esta guerra comercial y de desestabilización política, las potencias emergentes tendrán que orientarse a buscar un desarrollo compartido como complemento o sustitución de su dependencia de las sociedades de consumo desarrolladas. China es la más capacitada para influir en la marcha de la economía mundial, no solamente por su potencia y dinamismo económico sino porque el ideario de su dirigencia responde a la materialización de un proyecto global de alcanzar una civilización global fraternal de destino compartido y prosperidad común con todas las naciones del mundo.

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16/07/2018

NOTICIA. El encuentro el  16/07/2018, en Helsinki, entre Vladímir Putin y Donald Trump, se salda con una visión optimista por ambas partes

Comentario

Rusia, Estados Unidos, una difícil relación

El encuentro el  16/07/2018, en Helsinki, entre Vladímir Putin y Donald Trump, a pesar de que no se establecieron acuerdos concretos, concluyó en un ambiente positivo y con la voluntad de proseguir los mismos en el objetivo de llegar a una normalización de las relaciones.
Es evidente que la reunión en si misma ha sido una noticia positiva e importante. Como era de esperar, el encuentro formal en Helsinki entre ambos mandatarios, realizado con una agenda abierta, no estaba encaminado a llegar a acuerdos sino  como una reunión exploratoria para conocer de primera mano los puntos de vista respectivos de ambas potencias en el plano internacional y en los temas más conflictivos entre ambas naciones.
El buen tono y cordialidad en la que se ha celebrado la reunión puede abrir las puertas a una normalización de las relaciones, aunque la recuperación de la confianza será gradual y tendrá que venir avalada con hechos concretos.
La confianza entre potencias es difícil alcanzarla y fácil perderla. En el caso de Rusia y EEUU, bastó un solo día para perderla, con el golpe de Estado en Ucrania el 23/02/2014, calificado por la OTAN como "revolución", y que desencadenó una serie de acontecimientos que sumió a Ucrania en una Guerra Civil de Secesión que arruinaría la relación entre Rusia y los países de la OTAN. Ahora el intento de una normalización de las relaciones entre Rusia y EEUU parte de bases muy frágiles.
EEUU es una potencia que está acostumbrada a imponer sus puntos de vista e intereses incluso a maltratar a sus interlocutores como sucedió en la última reunión con sus socios del G7 en Canadá y en la reciente reunión con sus aliados de la OTAN en Bruselas, en las que Donald Trump no tuvo reparo en usar acusaciones y  calificativos en tono despectivo hacia sus aliados, pero EEUU sabe, que en el caso de Rusia bajo el liderazgo de Putin, solamente es posible avanzar en la normalización de las relaciones si las mismas están basadas en una educada cordialidad y en la consideración de una relación entre iguales.
La normalización de las relaciones debieran pasar por la consideración de que no va a ver nuevas sanciones por parte de EEUU, pues si las hubiera de nuevo las relaciones podrían volver a la situación previa al encuentro del Helsinki.
En el caso de las reiteradas acusaciones que se vienen realizado sistemáticamente contra Rusia sin aportar pruebas concluyentes, como han sido principalmente en los últimos años: la participación directa de Rusia en la guerra que las repúblicas del Donbass libran contra Kiev; la implicación en el derribo del vuelo MH017 en julio del año 2014; su supuesta injerencia en las elecciones presidenciales de EEUU en el año 2016, y su responsabilidad en el envenenamiento en Londres con Novichok del exespía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia, la recuperación de la confianza debiera venir de la disposición de ambas partes a verificar conjuntamente estos hechos cuestión que hasta ahora los países de la OTAN han venido negándose a pesar de los reiterados llamamientos de Rusia a participar en las comisiones de investigación correspondientes, una actitud poco constructiva por parte de la OTAN si realmente se quisiera que se sepa la verdad.
Desde el punto de vista de la seguridad y la paz entre potencias, lo más importante sería la vuelta a la senda de los tratados sobre limitaciones de armamento, y la no militarización del espacio exterior.
En varias ocasiones Vladímir Putin ha manifestado sus dudas sobre la competencia en temas internacionales de sus homólogos europeos por su dependencia y vasallaje de EEUU, y ha abogado en función de la eficacia tratarlos directamente con EEUU. Ahora la cumbre de Helsinki ha abierto esa oportunidad que no debiera ser desperdiciada.
La experiencia histórica demuestra que en política internacional la confianza tiene la fragilidad de un vaso de cristal, se puede romper en un segundo pero su restauración siempre será muy laboriosa. 

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02/07/2018

NOTICIA. López Obrador se impone en las elecciones presidenciales de México

Comentario

México. Hacia una nueva época

El 01/07/2018, con un 61% de participación de los 89 millones de mexicanos convocados a las urnas México eligió a su presidente, a ocho gobernadores, al jefe de gobierno de Ciudad de México, a 500 diputados federales, 128 senadores, y otros cargos públicos, entre ellos 972 diputados locales y 1.597 alcaldes.
Andrés Manuel López Obrador conocido por sus siglas AMLO apoyado por la coalición "Juntos Haremos Historia", alcanzó la presidencia de México al obtener según un conteo rápido oficial de la Comisión Electoral  el 53% de los votos.
López Obrador, en su mítines de campaña, iniciada el 30/03/2018, y en su primer discurso tras ganar la Presidencia se ha revelado como un político con determinación para llevar adelante su programa de pacificación de la sociedad mexicana, poner freno a la corrupción y mejorar la vida de las clases populares. "Nuestra victoria no surge de repente ni brota únicamente del malestar que provocó el régimen autoritario, sino que es producto "de la siembra de ideas" y de la perseverancia. "No les voy a fallar, soy un hombre de convicciones y principios". En las relaciones internacionales se ha comprometido a mantener unas relaciones cordiales y fructíferas con todos los países del mundo. "La globalidad no debe significar guerra ni hegemonía sino fraternidad y cooperación entre los pueblos y los Estados". En el caso particular con Estados Unidos se ha mostrado dispuesto a dialogar para llegar acuerdos "Por geopolítica, vecindad, amistad, economía, comercio, migración y cultura estamos obligados a entendernos y a caminar juntos".

El triunfo de López Obrador como nuevo Presidente de México es el resultado de la expresión popular mayoritaria de iniciar una profunda transformación política, económica y social. No será una tarea fácil, como nunca lo ha sido cuando los cambios políticos pueden cuestionar los intereses fundamentales de arraigados poderes fácticos.
En los partidos tradicionales mexicanos que se han alternado en el poder, su acción política se ha atenido casi exclusivamente al parlamentarismo y han gobernado dentro del marco de los intereses de los sectores corruptos de funcionarios del Estado estrechamente unidos a las oligarquías económicas y financieras y el narcotráfico, que a su vez controlan los grandes medios de comunicación.
La voluntad de López Obrador de iniciar una era de transformaciones en México parece inquebrantable y su compromiso moral incuestionable. Sin embargo, el camino está por trazar, y las transformaciones económicas y sociales que demanda la sociedad mexicana y que han conformado el programa electoral de la coalición "Juntos Haremos Historia", inevitablemente van a cuestionar en gran medida los intereses de los grupos de poder tradicionales de México.
La lucha contra la corrupción tendrá enfrente a amplios sectores de funcionarios del aparato del Estado; la lucha contra el narcotráfico y la violencia se enfrentará a los cárteles de la droga; los cambios económicos para detraer recursos para aliviar la pobreza tendrá la oposición de quienes concentran la riqueza, y la recuperación patriótica de México no será del agrado de EEUU.
López Obrador ya ha manifestado que su metodología de gobierno se basará en el pacifismo y el diálogo con todas las fuerzas políticas y económicas implicadas, pero que ello sea así no depende solamente de sus intenciones sino también de los poderes con los que tendrá que negociar, quienes, como ya lo están haciendo en otros países de América Latina, si ven en riesgo sus intereses no dudaran en imponer la vía de la confrontación y la violencia a través de sus agentes políticos, económicos y mediáticos.
Al final, el resultado es la vieja lucha en Latinoamérica entre revolución y contrarrevolución cuando un presidente ha pretendido aplicar un programa que, por favorecer a las clases populares y enarbolar la bandera de la soberanía, se ha opuesto a los intereses de las oligarquías nacionales y a los EEUU. El derrocamiento de Salvador Allende en Chile en 1973, y el encarcelamiento de Lula da Silva en Brasil en 2018, son dos ejemplos que  muestra con métodos diferentes la capacidad reaccionaria de estos poderes.
Es probable que los sectores económicos y políticos que han visto con desconfianza la victoria electoral de la coalición "Juntos Haremos Historia", dejen un periodo de margen para comprobar el temple político de López Obrador, en el que verificarán si actúa como sus predecesores incumpliendo sus promesas electorales y plegándose a sus intereses, o por el contrario, se mantiene firme en sus compromisos políticos, en cuyo caso, los cambios en México podrían entrar en un periodo de turbulencia políticas.
El capital político más importante del Presidente López Obrador y del movimiento Juntos Haremos Historia, es no solamente su apoyo electoral sino la capacidad de movilización de amplios sectores de la sociedad. Cuando las sociedades demandan un cambio político profundo, la fuerza del mismo no solamente se expresa en las preferencias electorales sino que se caracteriza porque la ciudadanía está dispuesta a movilizarse por el mismo en las calles y en cuantos foros sea necesario.
Este capital político lo tiene actualmente el presidente López Obrador en una proporción que no lo han tenido otros presidentes  mexicanos desde la Revolución de principios del siglo XX, pero a su vez la historia posterior demuestra que quienes tuvieron este capital y lo desperdiciaron se convirtieron en presa fácil de los poderes reaccionarios.
La lucha contra la corrupción y la violencia es una lucha en principio moral, la sociedad tiene que ver a los corruptos y violentos no como héroes sino como apestados proscritos, y ello supone una movilización ciudadana continuada para cambiar los corrompidos valores de décadas en la sociedad mexicana.
Las reformas políticas y económicas también precisarán de la movilización popular si se quiere evitar que prosperen los posibles planes desestabilizadores que puedan surgir con su implementación.
México precisa de una nueva revolución popular, pacífica y democrática, que sitúe a México en una nueva época de dignificación nacional, prosperidad y paz.

Junio 2018


26/06/2018

NOTICIA. El 28-29/06/2018, tendrá lugar la reunión del Consejo Europeo en el que se abordará la política interior y exterior sobre migración
NOTICIAEl 11-12/07/2018, tendrá lugar en Bruselas la cumbre de la OTAN

Comentario

La UE y la OTAN en el problema de los refugiados de Oriente Medio y el Norte de África

Los países de la UE no han podido establecer hasta ahora un consenso entre sus líderes sobre la forma de abordar la inmigración irregular y la afluencia de refugiados a los países de la UE.
En los últimos años se han ido conformando dos corrientes de opinión en el seno de las naciones de la UE más afectadas por la presión migratoria y de refugiados principalmente desde el Oriente Medio y el Norte de África. Mientras los principales dirigentes de Alemania y Francia han venido pronunciándose por un reparto equitativo de los refugiados entre los países de la UE, otra corriente se está abriendo paso reclamando un mayor control de migrantes y refugiados en sus puntos de llegada a las fronteras de la UE.
La presión migratoria y de refugiados se concentra principalmente en los países mediterráneos de la UE, sin embargo el destino de migrantes y refugiados es principalmente Alemania y el Norte y Centro de Europa, donde la crisis económica es menor que en los países del Sur y las oportunidades de encontrar trabajo son mayores.
Alemania quiere evitar la concentración de migrantes y refugiados en su territorio estableciendo desde la Comisión Europea cuotas de distribución entre todos los países de la UE, pero las mismas no han funcionado. Los países del Este de la UE, encabezados por Polonia ya han manifestado su contrariedad por estas cuotas y se manifiestan abiertamente por contener la inmigración en los puntos de acceso a la UE.
La UE nada en un mar de contradicciones en materia de inmigración y de acogida de refugiados, pues los centros emisores principalmente Oriente Medio y el Norte de África se encuentran en una permanente desestabilización política que a su vez impide avanzar en su recuperación económica. La crisis política y económica en estas regiones crea una dualidad en la motivación de la emigración, en unos casos, se realiza por razones puramente económicas, en otros por motivos políticos y también por ambos motivos. La difícil definición de la causa por la que el migrante ha decidido abandonar su país hace también imposible la separación entre la categoría de inmigrante económico y la de refugiado político que le otorgaría según las leyes de la UE el derecho de asilo.
Las leyes de asilo de los diferentes países de la UE están pensadas para casos singulares pero quedan desbordadas cuando el número de quienes lo solicitan se cuentan por decenas de miles. La Europa progresista clama por una acogida sin límites, pero los sectores más conservadores de costumbres y tradiciones de sus respectivos países se oponen a estas demandas y están ganando progresivamente peso político en los países de la UE.
La UE se encuentra con un problema irresoluble, pues los centros emisores de emigrantes y refugiados ubicados a las puertas de la UE están instalados en una crisis de larga duración. Un caos que la propia OTAN a iniciativa de EEUU contribuyó a crear tras su intervención en Libia para derrocar el régimen de Gadafi y continúa creándolo con su implicación en la guerra de Siria para derrocar al gobierno de esa nación que ha convertido en prioridad de su ilegal intervención militar en Siria anteponiéndolo a la lucha contra lo grupos jihadistas, los cuales según los casos los utiliza como aliados contra el legítimo gobierno sirio.
Una vez más EEUU, ha contribuido a crear un problema muy lejos de sus fronteras siendo otros países, en el presente caso los de la UE, quienes padecen los efectos colaterales en forma de cientos de miles de refugiados que escapan de la guerra y la devastación que EEUU e Israel alientan en la región del Oriente Medio para impedir que las naciones con gobiernos opuestos  a su tutela prosperen política, económica y militarmente.
La acogida de refugiados en todos los casos es una medida coyuntural, pues el refugiado lo es, mientras en la nación de la que huyó no se dan las condiciones para su retorno. La solución estructural para solucionar la llegada masiva de refugiados desde las costas de Libia y de Oriente Medio pasa porque en esas regiones se alcance la estabilidad política que permita a su vez iniciar el proceso de recuperación económica, para que los refugiados que abandonaron sus países por la guerra puedan retornar a sus hogares.
En la actualidad, en el caso de Siria, la creación de las condiciones para el retorno de los refugiados a su país, pasa por la victoria definitiva del ejército sirio sobre los grupos jihadistas, para establecer la paz e iniciar el proceso de recuperación económica como está sucediendo ya con la liberación por parte del ejército sirio de amplias zonas de estos grupos armados, sin embargo, la OTAN liderada por EEUU, como parte de su política en esa región de desestabilización de las naciones opuestas a su tutela y a la de Israel, persiste en perpetuar la guerra en Siria con el apoyo a los diferentes grupos jihadistas que combaten al gobierno sirio.
Como en el relato de Homero en "La Odisea", en el que Penélope tejía de día un sudario y lo destejía por la noche, en el caso de la UE, la OTAN se encargará de destejer lo que el Consejo Europeo pueda tejer.
A la UE sin capacidad para desarrollar una política exterior independiente de la dictada por EEUU para Oriente Medio solo le queda continuar con medidas coyunturales que, debido al creciente malestar que la afluencia de refugiados está originando en sus respectivas sociedades, pueden terminar en tratar de contenerla en campos de reclusión en los puntos de llegada, para su posterior expulsión.

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12/06/2018

NOTICIA. El 09/06/2018, finalizó en Quebec (Canadá) la cumbre del G7
NOTICIA. El 10/06/2018 finalizó en Qingdao (China) la Cumbre de la OCS

Comentario

La OCS y el G7

Los días 8 y 9 de junio, los líderes del Grupo de las Siete economías más industrializadas (G7), mantuvieron su 44º reunión en Quebec (Canadá). El G7, nació para coordinar las políticas macroeconómicas globales, pero tras la crisis financiera del 2008, esta función ha venido recayendo principalmente en el G20. La presente cumbre del G7, ha sido, tal vez en su larga historia, la primera que se ha celebrado en medio de notorias discrepancias, debido a la decisión de EEUU de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio procedentes de Canadá, México y la Unión Europea, y su negativa a la implementación del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Al término de la cumbre, los siete Estados emitieron un comunicado conjunto que resumía las diferencias de Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, de un lado, y Estados Unidos, del otro. Con posterioridad el presidente Donald Trump, resentido por unas declaraciones que consideró  inapropiadas del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, sobre las políticas proteccionistas de EEUU, anunció su retirada del comunicado suscrito.
Con un día de diferencia, ha tenido  lugar el 9 y 10 de junio, en Qingdao (China) la XVIII Cumbre  de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) que fue establecida el 15 de junio de 2001 en Shanghái por Rusia, China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, a la que en el año 2017 se incorporaron la India y Pakistán constituyendo la presente cumbre la primera en la que estas naciones participan de pleno derecho. La OCS, nació con el objetivo de coordinar las políticas en el espacio asiático de lucha contra el terrorismo, sin embargo, con el paso del tiempo, la OCS, ha avanzado en la coordinación en defensa y políticas económicas, principalmente en el proyecto euroasiático surgido a iniciativa de China de la Nueva Ruta de la Seda que aspira a unir el desarrollo económico de Oriente y Occidente. La cumbre ha finalizado con un amplio consenso de los principios que deben inspirar  a la organización basados en el denominado espíritu de Shanghái de respeto mutuo y colaboración, que han alcanzado un nuevo nivel al establecer una guía práctica para estimular el desarrollo económico compartido del conjunto de naciones que en la actualidad forman la OCS, a las que se sumarán las naciones que tienen el estatus de Estados observadores: Afganistán, Bielorrusia, Irán y Mongolia, y las que están en calidad de socios en el diálogo: Armenia, Sri Lanka, Nepal, Camboya, Turquía y Azerbaiyán.

Tanto el G7 como la OCS son organizaciones con dos visiones del mundo diferentes. El G7 representa a las economías desarrolladas más importantes que desde la Segunda Guerra Mundial han regido los destinos de la economía mundial, mientras que la OCS, al igual que los países BRICS, son organizaciones emergentes que agrupan a los principales países en desarrollo. La crisis financiera global del 2008, abrió para ambas organizaciones una nueva etapa en la economía mundial.
En los países desarrollados puso fin al modelo neoliberal de crecimiento económico global por elevación del consumo concentrado en las sociedades desarrolladas debido al apalancamiento financiero de prestamistas y consumidores, y en los países en desarrollo abrió la coyuntura en la que su prosperidad ya no podía depender del modelo consumista de los países desarrollados, lo que les llevaría a los principales países en desarrollo a tener que afrontar el desafío de construir sus economías en base a la promoción de la innovación científico técnica y la construcción de sociedades propias de consumo, un camino en el que China se está adentrando de forma exitosa.
Los países industrializados, incapaces de iniciar un nuevo ciclo consumista en la magnitud que les hubiese permitido un crecimiento económico del que detraer los recursos fiscales para afrontar sus gastos estatales y a las empresas aumentar la producción, ha derivado en una situación de progresivo endeudamiento de los Estados y de concentración empresarial y financiera en la que las empresas menos solventes son absorbidas por las más fuertes.
Mientras no exista crecimiento económico por encima de las mejoras de la productividad que la economía competencial impone (producir los mismos productos en cantidad y calidad con menos mano de obra), que se puede situar en un crecimiento del PIB anual por encima del 3%, no se produce aumento de las horas de producción, y por lo tanto, la creación de empleo solamente puede venir de una distribución de las horas de trabajo que se realiza con una creciente precarización de las condiciones laborales.
Esta situación ha derivado en los países industrializados en un enfrentamiento entre la clase financiera y la clase industrial, que ha tenido su máxima expresión en EEUU con la llegada al gobierno del partido republicano presidido por Donald Trump. La clase financiera de los países desarrollados ha ido perdiendo su raigambre nacional. La existencia de los paraísos fiscales, les ha permitido evadir sus responsabilidades fiscales y han hecho de la economía especulativa, en la que han incluido las deudas soberanas de los estados, la base de su negocio. Pero ello, no crea riqueza sino que apalanca a los Estados en sus deudas y les impide desarrollar políticas económicas industriales, a la vez que la riqueza monetaria se concentra globalmente en pocas manos y se ubica en los paraísos fiscales y la banca en la sombra.
Dentro de estas contradicciones EEUU ha apostado por una política que le permita reactivar el sector industrial en su propio territorio. La política de deslocalización que tan buenos réditos le otorgó a la clase empresarial estadounidense antes de la crisis del 2008, ahora se ha vuelto en su contra como un boomerang, y la política proteccionista de imponer aranceles al acero y al aluminio y, tal vez, en un futuro próximo a la importación de automóviles, tiene como finalidad tratar de revitalizar la producción nacional estadounidense y aumentar el poder de la clase empresarial industrial con un marcado sesgo patriótico, frente a la globalista clase financiera representada en EEUU por el partido demócrata y los principales medios de comunicación. En definitiva, la administración estadounidense, al no existir crecimiento económico suficiente para todos, pretende acaparar el mismo a costa de sus socios del G7.
Pero ni EEUU, ni el G7 están ya solos en el mundo para determinar la marcha de la economía global. El hecho de que concentren la mayor parte del PIB mundial, y que EEUU domine el sistema monetario mundial, ya no puede evitar que las potencias en desarrollo puedan marcar su propio camino de crecimiento económico; en ese sentido, la proyección de la OCS en el espacio euroasiático ya no depende de la marcha de las economías desarrolladas sino principalmente de: la modernización de las economías de las naciones más importantes que forman la OCS; del comercio entre las mismas; la conectividad en infraestructuras; el paso hacia sociedades de consumo, y la planificación y coordinación de iniciativas económicas en el espacio euroasiático.
Aunque las economías del G7 siguen liderando las ratios de productividad técnica y la innovación científico técnica, los principales países de la OCS, principalmente China, acortan diferencias en ambos campos, y debido a que parten de unos salarios más bajos cada avance en la productividad y la innovación les convierte en competidores aventajados en el mercado global.
Agotado pues, el modelo de crecimiento económico global por elevación del consumo de las sociedades desarrolladas, el desarrollo de los países en desarrollo es la apuesta del futuro del crecimiento de la economía mundial, y en ello deberán concentrarse las principales potencias económicas emergentes. En la medida que las naciones en desarrollo avancen, sus economías dependerán menos de las economías de los países desarrollados, y el modelo neocolonial vigente desde hace medio siglo regido por el G7 se irá eclipsando, sin que el poder militar que concentran tampoco pueda impedirlo.
La comparación en materia económica, demográfica y militar del G7 y de la OCS, ofrece una perspectiva de los cambios que se avecinan en el espacio euroasiático y con ello en la economía mundial.

Fuente: The World Fact-book Central Intelligence Agency. USA. Elaboración propia
Nota: El billón corresponde al sistema europeo (un millón de millones), denominado en el sistema estadounidense como trillón.

La tabla se ha estructurado para presentar una comparativa económica del G7 y la OCS, y de ambas organizaciones con el conjunto económico mundial.
Considerando el valor económico medido por el PIB nominal, el G7 en el año 2017 concentraba 36,6 billones de dólares por 16,4 billones la OCS. Con relación al conjunto mundial, el G7 agrupaba el 45,9% del valor económico global y la OCS el 20,6%; sin embargo, considerando el valor económico por el poder adquisitivo interno de compra de cada nación (PIB - PPA), el G7 y la OCS tienen una participación casi equivalente en la economía mundial con un porcentaje del 30,6% y 30,2% respectivamente.
El PIB nominal refleja el valor económico de cada nación en dólares estadounidenses en el mercado internacional, por ser esta divisa la utilizada preferentemente para las transacciones internacionales, mientras que el PIB - PPA refleja el valor económico en el mercado interno de cada nación respecto del dólar, por ello EEUU es la única nación que la relación entre el PIB nominal y el PIB-PPA es igual a 1, mientra que en el resto de naciones esta relación es diferente. En los países del G7 la relación entre ambos modos contables es de 1 a 1,1 mientras que en el conjunto de la OCS es de 1 a 2,3; siendo en las tres economías más importantes de esta organización: China 1 a 1,9; Rusia 1 a 2,7 y la India 1 a 3,9.
Debido a esta diferencia, la renta per cápita por ser un valor utilizado para medir el poder adquisitivo medio de la población de una nación es más indicado calcularla en PIB-PPA per cápita. En el ámbito del G7, la renta media en PIB-PPA es de 50.671 dólares estadounidenses y en el de la OCS de 12.496-$, siendo Rusia quien detenta un mayor poder adquisitivo per cápita con 28.169 $ de PIB-PPA.
Estas diferencias adquisitivas pueden inducir a pensar que las economías del G7 debieran tener un mayor dinamismo económico, pero no es así, y ello se refleja en el porcentaje de crecimiento de las diferentes economías. El crecimiento económico del conjunto del G7 se situó en el año 2017 en el 2%, mientras el de la OCS fue del 6,3%, que en cifras absolutas supusieron una aportación al PIB mundial por parte de los países del G7 de 738.000 millones de dólares, y de 1.026.190 millones por parte de los países de la OCS.
El conjunto de la economía mundial creció ese año 2.785.300 millones de dólares, por lo que la aportación al crecimiento del PIB mundial del G7 fue el 26,5%, mientras que la aportación de los países de la OCS fue el 36,8%, siendo la aportación más importante la realizada por China con 811.920 millones de dólares que representó el 29,2% del total del crecimiento del PIB mundial.
Estas diferencias en el crecimiento de la economía mundial es una tendencia que en todas las proyecciones económicas realizadas tanto por el FMI como por el Banco Mundial reflejan que se va a mantener constante en el tiempo, lo cual implica que en los próximos años se irá produciendo un cambio gradual en la conformación de la economía mundial.
El alto poder adquisitivo de los países del G7 ya no va a ser quien concentre casi exclusivamente el crecimiento económico mundial como lo ha venido siendo desde el siglo XIX, primero con el modelo colonial y desde la segunda Guerra Mundial con el modelo neocolonial, sino que los países emergentes y particularmente el espacio euroasiático irán ganando un marcado protagonismo.
El modelo de crecimiento económico de los países desarrollados está limitado porque como ya mostró la crisis financiera del 2008, no es posible reeditar un ciclo consumista basado en un 20% de la población el cual precisaría generalizar la segunda vivienda a la mayor parte de la población y reducir los ciclos de renovación de automóviles y de otros bienes de consumo a periodos de tiempo más cortos. A ello se viene a sumar la concentración de la riqueza y su ocultación y evasión en paraísos fiscales y la banca en la sombra amparada en una desregulación financiera internacional, que impide a los Estados actuar fiscalmente contra sus poseedores para propiciar una redistribución de la misma con el fin  de estimular la demanda efectiva de las clases medias.
De manera diferente, el crecimiento de los países de la OCS no se fundamenta en la adquisición de bienes de consumo prescindibles en una situación de crisis como la segunda vivienda o la renovación compulsiva de artículos de consumo, sino que el crecimiento económico se sustenta en necesidades perentorias como el acceso a la primera vivienda, la dotación de infraestructuras y la construcción del Estado de Bienestar sobre una población de 3.070 millones que representa el 41,5% de la población mundial, frente a los 763 millones de los países del G7 que solamente agrupan el 10,3%.
Los cambios en la economía mundial generan en los países del G7 sinergias encontradas en el seno de las fuerzas fácticas políticas, financieras y militares, lo que crea confusión en las políticas a seguir. Mientras que unos apuestan claramente por participar en los cambios económicos que se están produciendo en el espacio euroasiático apoyando como es el caso de los países de la UE, la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, EEUU y Japón, le han dado la espalda a la misma.
EEUU, es la nación que por no tener nada que ganar con los cambios en la economía mundial, con más firmeza se resiste a los mismos. La magnitud de su economía, su control del sistema monetario internacional y su poderosa fuerza militar, le permiten, como lo está haciendo la nueva administración republicana, maniobrar para intentar evitar que los cambios económicos se produzcan, pero ello ya no es posible, la economía global tiene una regla básica de la cual no es posible sustraerse, y es la ley de que para que funcione tiene que ser rentable, y para mantener la tasa de ganancia necesita de un crecimiento constante, como mínimo por encima de las mejoras competenciales en productividad que año tras año se introducen en la economía mundial.
La fuerza militar de poco sirve para combatir esta ley económica. En la primera mitad del siglo XX, las potencias económicas como Alemania y Japón lo hicieron implementado el proteccionismo económico e intentando crear áreas geo-económicas exclusivas a través de la expansión fuera de sus fronteras, que devinieron en las dos Guerras Mundiales, pero los tiempos han cambiado, y si entonces la guerra no acabó con el modelo económico competencial mundial, ahora la misma, en una economía global se ha convertido en un anacronismo que la descarta como forma de cambiar la marcha de la economía mundial.

Fuente: The World Fact-book Central Intelligence Agency. USA. Elaboración propia.

El enorme gasto militar que EEUU dedica todos los años a mantener su despliegue militar global que representa el 36% del gasto militar mundial, también se está convirtiendo en un anacronismo sustentado en la falsa ilusión de perpetuar un imperio que se resiste a adaptarse a los nuevos tiempos e integrarse en un modelo económico global basado en una relación entre naciones de ganar ganar, en lugar de que unas pierdan para que otras ganen.