Octubre 2018


05/10/2108

NOTICIA. La segunda ronda del Diálogo Diplomático y de Seguridad entre EEUU y China previsto para mediados de Octubre ha quedado aplazada sin fecha fija.


Comentario

La crisis del pensamiento neocolonial

Tras las recientes declaraciones de un funcionario de EEUU de que a iniciativa de China quedó pospuesto el Diálogo Diplomático y de Seguridad entre EEUU y China, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying, declaró que el 02/10/2018, China y EEUU acordaron en principio celebrar el diálogo a mediados de octubre, pero EEUU fue quien propuso posponerlo, y  exigió a EEUU "dejar de inventar y propagar rumores".
Con posterioridad, el Ministerio de Exteriores de China rechazó también las acusaciones del vicepresidente de EEUU, Mike Pence, quien sin ofrecer prueba alguna, el 04/10/2018, acusó a Pekín de tratar de inmiscuirse en las elecciones legislativas estadounidenses de medio término del próximo mes de noviembre, recordando que es EEUU quien se está empeñando en deteriorar las relaciones con China, y que el compromiso de China es fomentar unas relaciones de beneficio mutuo basadas en el respeto entre Estados.
En declaraciones anteriores del presidente Donald Trump, la supuesta injerencia de China en las elecciones de EEUU era producida por el incremento de aranceles a productos agrarios estadounidenses, impuestos por China en respuesta a las medidas también arancelarias de EEUU contra productos de China, lo cual iba afectar negativamente al apoyo electoral a los candidatos republicanos, en Estados de la América profunda de producción agraria como Iowa, tradicionalmente de voto republicano.
EEUU, el campeón mundial de la injerencia en todos los Estados del Planeta, con un presupuesto destinado a los efectos a sus servicios de Inteligencia de unos 70.000 millones de dólares, mayor que todo el presupuesto militar de Rusia, se rasga las vestiduras porque China impone aranceles a su productos agrarios, y en una siniestra interpretación, considera injerencia el efecto colateral de la desafección de una parte de su electorado, motivada por la guerra comercial iniciada por la propia administración estadounidense.
Esta ofensiva de EEUU basada en infundios, que la ha venido aplicando principalmente sobre Rusia para desacreditarla ante la ciudadanía occidental, ahora la ha hecho extensible a China. La cuestión resulta relevante, porque supone un salto cualitativo en la dialéctica de la confrontación.
El enorme aparato de propaganda política estadounidense y de los países de la OTAN compuesto por un entramado de rumores y noticias falsas que toman cuerpo en declaraciones de políticos y organizaciones no gubernamentales dirigidas por los servicios de inteligencia principalmente estadounidenses, son amplificadas por los oligopolios mediáticos occidentales poco preocupados por conocer la verdad, y en quienes en última instancia descansa la formación del pensamiento neocolonial occidental, por el que los países desarrollados tienen legitimidad para injerir en los asuntos de todas las naciones en nombre de una auto-arrogada supremacía moral que les otorga la patente de la democracia, los derechos humanos y la justicia universal, cuestiones que en una vil interpretación son utilizadas contra los dirigentes de las naciones que no aceptan la tutela neocolonial de Occidente, e ignorando a su vez la responsabilidad en las guerras que patrocina.
El pensamiento neocolonial se justifica ante la ciudadanía en la consideración que la tutela occidental de los países en desarrollo es mejor  que dejarlos en manos de "siniestros dictadores", creados artificialmente por el oligopolio mediático. El discurso no difiere mucho del ejercido en el periodo colonial, en el que la negativa a la descolonización se justificaba en que no se podía tolerar que "dirigentes bárbaros" accediesen a la independencia.
La pérdida de las colonias en el siglo XX se sufrió en la sociedad occidental como un drama político que ha pervivido en el tiempo. Una herencia que  permite justificar ante la ciudadanía occidental que los países de la OTAN puedan crear una coalición internacional para intervenir en Siria, sin el respaldo del CSNU, ni por supuesto del gobierno sirio que se pretende derrocar, y que el presidente de Francia Emmanuel Macron, en reiteradas ocasiones se haya posicionado con pasmosa naturalidad sobre cual debería ser el futuro de su antigua colonia. En occidente el pensamiento del "derecho a la injerencia en otras naciones" es más fuerte que el pensamiento basado en los cinco principios de la coexistencia pacífica que se sustentan en el respeto mutuo entre naciones, y que motivaba a los movimientos políticos descolonizadores para poner fin al oprobio de la colonización.
Todo discurso imperial se construye sobre la base de la excepcionalidad a injerir en otras países, pues es el que abre las puertas para subordinar a otras naciones, sin ese discurso ningún imperio existiría. Las intervenciones contra otros países o dirigentes de otros países, son toleradas por la ciudadanía occidental en la convicción que la intervención no conllevará una guerra extensible a su propio territorio; aunque otras secuelas como ha sido la afluencia masiva de refugiados a la UE como efecto colateral de la desestabilización llevada a cabo en el Oriente Medio y el Norte de África, patrocinada por los países de la OTAN, las monarquías del golfo pérsico e Israel, han sido por políticos y medios de información occidentales hábilmente camufladas para que la crisis de los refugiados no aparezca como el efecto colateral de la propia desestabilización de Siria y Libia inducida de manera significativa por los políticos de la UE, sino como una calamidad natural fruto del destino.
Bajo la actual administración republicana, EEUU no parece estar muy interesado en pretender injerir en otras naciones sobre la hipocresía del discurso de la exportación de la democracia, que caracterizó significativamente a la anterior administración demócrata de la época Obama, y que acabó en Ucrania en una guerra civil territorial que perdura, y la intervención armada de la OTAN en Libia, sino que, sin abandonar este último recurso, se inclina más por pretender vencer a sus rivales mediante las sanciones económicas que puede aplicarlas por su estatus dominante en el sistema financiero mundial basado en el dólar. Sin embargo, el éxito de la estrategia de rendir al adversario por presión que perseguirían las sanciones económicas en el caso de Rusia y de la guerra comercial en el de China, resulta del todo improbable.
EEUU, tampoco está en condiciones de escalar la presión hasta el límite de una guerra contra ambas potencias, porque no tiene garantizado el triunfo en la misma. EEUU, puede que siga recurriendo a la guerra o la amenaza de la misma en el caso de enemigos menores, pero son tantos los frentes que tiene abiertos: Siria, Irán, Venezuela, que por el momento solo le queda el recurso de las presiones económicas con el apoyo político de su peones neocoloniales, como la OEA y los gobernantes derechistas en América Latina, y el de las monarquías absolutistas e Israel en el golfo pérsico.
La pretensión estadounidense de que las naciones del mundo por temor a su poderío le acepten como el rector imperial global, es cuando menos jactancioso e iluso. La piedra que levanta EEUU contra sus adversarios los une más. En contraposición, el otro mundo el del desarrollo, donde vive el 80% de la humanidad, irá abrazando con más vigor el discurso anticolonial basado en el respeto y beneficio mutuo entre las naciones. En la medida que eso suceda, el discurso neocolonial se irá constriñendo al reducto de las sociedades occidentales, pero ya sin opciones materiales para dictar por la fuerza políticas a otras naciones. Ese momento histórico en el que el discurso neocolonial quede nulo de facto, es el que anunciará el inicio de una etapa de la humanidad libre de imperios.