Enero 2019


15/01/2018

NOTICIA. Miles de personas conmemoraron en el cementerio de Friedrichsfelde, en Berlín, la memoria de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, en el centenario de su asesinato, el 15 de enero de 1919.

Comentario

Memoria y obra de Rosa Luxemburgo

El 15/01/2019, en Alemania y en numerosos países del mundo la mayoría de los partidos de izquierda rindieron homenaje en el centenario de su muerte a los fundadores de la Liga de Spartacus, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, recordada especialmente no solamente por su indomable espíritu revolucionario, sino por su obra escrita sobre política económica, en contra de la guerra, la crítica al poder de las jerarquías clericales, y su oposición a la pena Capital.

Nacida en 1871 en Zamosc, cerca de Lublin, en la Polonia entonces controlada por Rusia, en el seno de una familia de origen judío, y nacionalizada alemana, fue una mente lúcida, versada en historia y economía y varios idiomas, su talento político fuera de lugar para una mujer de su época fue acallado con su brutal asesinato por quienes se veían incapaces de contrarrestar políticamente su dialéctica oratoria, siendo una de las grandes figuras de la historia de Alemania. No hay prácticamente nadie en este país que no haya oído su nombre, aunque pocos conocen su pensamiento, su asesinato la convirtió en figura emblemática a uno y otro lado de las ideologías. Cada año, clavel rojo en mano, miles y miles se movilizan en torno a su monumento, en el cementerio de lo que era el sector oriental de la ciudad.
A principios de 1914 se enfrentó a un proceso por calumnias, tras haber criticado el maltrato de soldados en el ejército alemán. Cuando empezó la guerra y los socialdemócratas (SPD) apoyaron la misma y aprobaron los créditos de guerra en agosto de 1914, Rosa Luxemburgo, manifestó su enérgica oposición. Posteriormente siguió cuestionando la estrategia del partido socialdemócrata de apoyar la guerra y lideró la resistencia pacifista. En marzo de 1915 fue encarcelada por “traición a la patria”. 
El 1 de enero de 1916 Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo fundaron la Liga Espartaquista. Escribieron gran cantidad de panfletos ilegales contra la guerra, firmados como "Espartaco", emulando al gladiador tracio que intentó la liberación de los esclavos de Roma. Incluso la misma Rosa Luxemburgo adoptó como emblema republicano el apodo de "Junuis", tomado de Lucius Junius Brutus, considerado fundador de la República de Roma.
En 1916, tras cinco meses en libertad, fue de nuevo ingresada en prisión. El 8 de noviembre de 1918, iniciada ya la revolución republicana en Alemania y un día antes de la abdicación del emperador Guillermo II, abandonó la cárcel y se sumo al movimiento de los consejos populares.
A finales de 1918 se producirá una reacción conservadora contra los consejos populares, que habían sido los artífices de la abdicación del emperador Guillermo II. La socialdemocracia abandonará el Consejo de Comisarios del Pueblo mientras que el ala izquierda se agrupará en torno a la liga de los espartaquistas quien se resistirá a ceder el poder de los consejos populares lo que dará lugar a un levantamiento en Berlín, Baviera, Hamburgo, Bremen, Sajonia, Magdeeburgo y Sarre. La represión del movimiento espartaquista será asumida por fuerzas del ejército y contingentes monárquicos nacionalistas. Los dirigentes de la liga espartaquista Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo serían asesinados en enero de 1919 por oficiales derechistas del ejército Alemán. En febrero de 1919 se formaría la asamblea Nacional en Weimar, siendo Friedrich Ebert elegido presidente de la nueva república (República de Weimar).

En el siglo XXI, cien años después, Rosa Luxemburgo sigue siendo un símbolo de lucha contra las ambiciones hegemónicas imperiales y a favor de la Paz Mundial y la redención de los más desfavorecidos del planeta.


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10/01/2019

NOTICIA.  El  10/01/2019, el ciudadano Nicolás Maduro ha sido proclamado por el tribunal superior de Justicia de Venezuela, presidente constitucional para el periodo 2019 al 2025

Comentario

Venezuela. La soberanía primero

"El derecho a la soberanía es irrenunciable, debemos defenderlo todos, uniformados y no uniformados". Con estas palabras el 08/01/2019, en un acto castrense, el ministro de Defensa de Venezuela, General en Jefe, Vladimir Padrino López, se refirió a las intromisiones del autodenominado grupo de Lima compuesto por gobiernos derechistas de la región, del que recientemente se desligaría el gobierno Mexicano, por la deriva injerencista de este grupo.
Vladimir Padrino, ratifico también su irrestricto apoyo y lealtad de La Fuerza Armada Nacional Bolivariana a Nicolás Maduro como presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, comandante en jefe, para el periodo 2019 – 2025.
Nicolás Maduro ganó las elecciones presidenciales el 20/05/2018, en las que obtuvo 6.190.612 votos frente a su principal oponente Javier Bertucci al que votaron 925.042 electores. La participación electoral, que se desarrollo sin incidentes, fue del 46,02%. El  10/01/2019, con la ratificación por parte del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela, Nicolás Maduro se ha convertido en el presidente constitucional de Venezuela para el periodo 2019 – 2025.

El voto popular, el Tribunal Constitucional y el ejército avalan a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela, sin embargo, el eje de gobiernos derechistas latinoamericanos y de los países de la OTAN alineados con la política neocolonial de EEUU, siguen oponiéndose a la presidencia de Nicolás Maduro, apoyándose en una oposición interna que incapaz de ganar en las urnas su legitimidad pretende hacerlo apoyándose en las presiones externas de países que solo ambicionan el control de las enormes riquezas que alberga el suelo venezolano.
Venezuela con las mayores reservas demostradas del mundo de petróleo en el subsuelo de la franja del Orinoco, y los mayores yacimientos de oro, se ha convertido para las potencias neocoloniales en el siglo XXI en el Dorado que en el siglo XVI los primeros colonizadores españoles en su fantasía ambicionaban.
Desde el acceso de Hugo Chávez a la presidencia en Venezuela, los países de la OTAN no han cejado en sus intentos de acabar con cualquier proyecto político soberanista. En el caso de Venezuela las razones han sido y siguen siendo dobles, por una parte, impedir la prosperidad de una nación que no se subordina a sus dictados, para evitar que se extienda el ejemplo, y en segundo lugar, por su interés en los enormes recursos venezolanos.
El principio político del respeto a la soberanía como cuestión fundamental de las relaciones internacionales se opone frontalmente al discurso neocolonial de las potencias occidentales basado en su auto-arrogada excepcionalidad para dictar globalmente que gobiernos son o no legítimos, apoyándose en un hipócrita discurso sobre derechos humanos que utilizan como un martillo contra los países que no aceptan su tutela, mientras que lo esconden frente a naciones despóticas, por ser sus aliados, como son las monarquías absolutistas árabes de Antiguo Régimen. En este escenario de hipocresía y cinismo estas potencias tampoco dudan en mostrar  su indignación ante la sospecha de que otras naciones puedan inmiscuirse en sus asuntos internos, pero consideran normal que ellos lo hagan en otras naciones.
En el caso de Venezuela, la presión mediática ha conseguido que la farsa de este discurso neocolonial haya sido interiorizado por la mayoría de las sociedades occidentales hasta el grado de que sectores políticos de izquierda participan activamente del mismo.  Con ello, el establishment neocolonial, evita que se presenten fisuras en el seno de las sociedades occidentales.
Otra variante de este discurso lo representan los gobiernos derechistas en Latinoamérica, caracterizados por su subordinación a la política regional de EEUU. Sus presidentes, se han olvidado pronto de los asuntos de política interna por los que fueron elegidos, y han pasado a poner en su agenda como asunto prioritario su hostilidad hacia el gobierno de Venezuela, cuando el gobierno venezolano es partidario de una política de buena vecindad.
Históricamente en América Latina ha existido una relación directa entre el derechismo político y el servilismo a su vecino del Norte, que en su día ya lo encarnaron los dictadores que gobernaron las principales naciones de esa región, y en la actualidad su acción política no es otra que el retorno a la practicada en las décadas perdidas de neocolonialismo de la segunda mitad del siglo XX.
La crisis económica derivada de la crisis financiera del 2008, y la incapacidad de los gobiernos de izquierda para remontar sus efectos ha debilitado la primera oleada de cambio que alumbró al continente latinoamericano en los primeros años del presente siglo, habiendo tenido su mayor retroceso en Brasil con el ascenso al poder de apátridas como el actual presidente de Brasil, Jair Messias Bolsonaro, más preocupado por la agenda estadounidense en la región que por la de su propia nación.
Sin embargo, la ideología de estos dirigentes no va hacer avanzar ahora a sus naciones como no lo hizo en décadas precedentes, y la necesidad del cambio seguirá marcando la política en Latinoamérica.
La resistencia de Venezuela a someterse a los dictados imperiales representa un faro para las fuerzas del cambio en todo el continente. Nicolás Maduro como presidente de la Nación más asediada tendrá en los próximos años la responsabilidad de forjar esa resistencia.